De antemano, el lector deberá advertir que éste será un texto un poco controvertido. Igualmente, buena parte de los compañeros entenderán de lo que hablamos. Se trata de esto a lo que llaman “democracia” y que desde hace veintiséis años nos quieren hacer tragar el sapo de que estamos en un sistema como tal. En realidad, no sabemos bien qué es esto, pero es el régimen en el que el pueblo y los sectores reaccionarios creen que están, una especie de gobierno representativo de las mayorías. Es que de tantos padecimientos sufridos por las últimas generaciones se logró tal sacralización de ésta “democracia” que ya no hay margen para su cuestionamiento como tal.
Pero antes de hacer cualquier juicio, primero hay que aclarar qué es lo que entendemos por “democracia”. Por definición, democracia es el "gobierno del pueblo" (demos: pueblo – cracia: gobierno). ¿Pero son acaso este -y los anteriores desde el ’83 en adelante- gobiernos que defiendan los intereses del pueblo –y qué pueblo-? A priori, podríamos decir que comparándolos con la dictadura genocida que rigió en nuestro país desde el ’76 hasta el ’83, no es muy difícil estar más cerca de la voluntad de la población que aquella.
Ahora bien, no por esto debemos inmacular esta variante de democracia y elevarla dentro de una pecera de vidrio para que nadie se atreva a cuestionarla porque lo que hubo en el pasado fue peor. Y decimos “variante de la democracia” porque, en verdad, no podemos considerar a este gobierno –ni a los anteriores- como representantes de ningún pueblo ni de ninguna mayoría.
Aunque usted dirá que estos gobiernos llegaron al poder mediante elecciones “libres” y “legítimas” y fueron puestos por el voto de la mayor parte de la población.
¿Pero qué clase de elección representa a una masa oprimida durante décadas en las que los candidatos no son ni por el más turbio reflejo ni parecidos a sus votantes? Estamos hablando de candidatos con millones de pesos en los bancos, con campañas sostenidas por grandes corporaciones nacionales y multinacionales; con lobbies de por medio en busca de llegar al más oscuro acuerdo a cambio del apoyo de determinado sector “productivo”.
Y sin ir más lejos, hablamos de campañas perversas en las que los votos se compran por un par de zapatillas, una bolsa de comida, o incluso casos más oscuros, con punteros políticos que a cambio de una suma de billetes, llevan y traen como ganado a los “libre electores” en camiones para que ejerzan “su derecho” de votar al candidato que los obligaron –o mejor dicho extorsionaron-.
Desde esta perspectiva, el clientelismo político no hace otra cosa que convertir a las elecciones en otra cadena de producción, o peor aún, un fondo de inversión en el que los grandes ganadores son los mismos dueños de todos los medios de producción.
Esto no hace otra cosa que conducirnos a otra faceta del mismo asunto: a quiénes representan los candidatos de la “democracia”.
Cuando llegan al poder, sean radicales, justicialistas, alianzas imposibles o frentes “progresistas”, son vitoreados por el pueblo de forma conmovedora. El engaño es tal, que cada cuatro años logran despertar en el pueblo la ilusión de que hay posibilidades de hacer de esto algo mejor para todos, -los argentinos-. Pero a veces, gran parte de la sociedad no es capaz de percibir dónde está la trampa.
Si bien hay un gran descreimiento generalizado en la política, el ciudadano medio toma a los funcionarios públicos como incapaces de desempeñar sus funciones, chantas, corruptos o mafiosos. Pero he aquí el error. Más allá de los casos de corrupción, que en verdad son consecuencia del mismo sistema, el problema reside en que el individuo no logra entender que así es el funcionamiento eficiente del sistema democrático capitalista. No tiene falla alguna: funciona a la perfección. Representa a quienes debe representar y defiende los intereses del sector que lo controla. Llamemos las cosas por su nombre: esto no es más que un sistema “democrático burgués”, aunque el término resulte contradictorio y por eso podemos decir también que esto es una “pseudo democracia”, una dictadura de la burguesía, o bien, un término más académico: una plutocracia, un sistema de gobierno en el que la riqueza es la base principal del poder, fomentándose una representación de origen iusprivatista (o de acopiación de bienes con respaldo jurídico y legal).
¿Qué significa esto? En base a las premisas que hicimos antes, podemos probar que el sistema plutocrático es el que rige nuestra sociedad, teniendo en cuenta que se cumplen todas las condiciones para que esto sea así:
*Se representa solamente a quienes apoyaron el sistema, no ateniéndose al mandato de la voluntad general.
*Existe la posibilidad de que el mandatario sea revocado en cualquier momento por voluntad de los verdaderos sectores de poder capitalista: el establishment, las FFAA, o presiones externas.
*Existe la responsabilidad del mandatario ante aquellos que lo apoyaron (la burguesía) de rendirle cuentas de su gestión (licitaciones, subsidios, baja de sueldos, quita de impuestos). Sin olvidar que puede tomar medidas que afecten a privados por el bien del mismo sistema capitalista, como es una leve suba de los salarios, “incentivos”, “planes de canje”, etc.
*El carácter limitado y explícito de los poderes de los que dispone el mandatario estará sometido a la aprobación de los sectores dominantes (el famoso visto bueno de los sectores industriales, rurales y financieros).
Está demás decir que para que una plutocracia funcione, es necesaria la práctica del clientelismo político y la construcción de campañas millonarias mediante el aporte del empresariado. Hoy por hoy, los partidos que verdaderamente pelean las candidaturas –sin tener en cuenta los partidos minoritarios- gastan millones de pesos en sus campañas para poder atraer a los votantes. Además, vale aclarar que la pelea es siempre por el votante medio, o votante de centro, que no pertenece a ningún partido y no se siente identificado por nadie. Hoy en día ese es el sector que gana la eleccion ya sea con votos o con apoyo político. Y acá queda explícita la falta de militancia: característica elemental de cualquier democracia partidaria.
Peor aún es la influencia que distintos candidatos, de acuerdo al sector del que provengan, logran sus influencias en los medios: o siendo dueños o grandes accionistas de los mismos, o estar apoyados por el empresario que controla esos medios para después cobrar sus respectivos favores.
De esta manera, con campañas millonarias sobre la misma miseria de una sociedad, con clientelismo perverso en busca de votos por la fuerza, con medios de desinformación totalmente cómplices del abuso y engaño constante, y con las presiones de los grandes financistas de este circo, resulta imposible poder reconocer esto como una democracia. Sobre todo en Latinoamérica, uno de los lugares del mundo donde la diferencia entre el mas rico y el mas pobre se multiplica casi 300 veces y en donde la democracia es el régimen de la desigualdad social pero de “igualdad política” a la hora de votar cada 2 o 4años.
¿Que hay libre elección? Sí, se puede elegir cada cuatro años un candidato distinto, que representa los intereses de distintos sectores del mismo círculo de poder; que por más partidos de base que haya, las condiciones están dadas para que en el caso de que ellos ganaran, nunca podrán desplegar su plataforma o desarrollar sus propuestas: todas las leyes están hechas para garantizar el efectivo funcionamiento del sistema capitalista. Se protege al que acumula, se reprime al que no le alcanza.
Aunque la libre elección no queda ahí. También podemos elegir entre Pepsi o Coca Cola, Movistar, Personal o Claro, taxi o colectivo, Visa o Mastercard, seguros de auto, casa o de vida, ¡sí! porque aunque la vida no sea un bien material, también la podemos cobrar, siempre y cuando primero paguemos por ella. Además, lo mejor de todo es que podemos hacer zapping, ¡eso sí que es libertad de elegir!
Pero la libertad de elección se termina cuando se acaba la capacidad de compra. Y la libertad en el ejercicio de la política se termina cuando ésta se convierte en un mercado en el que las mercancías somos todos nosotros.

No hay comentarios:
Publicar un comentario